Tareas semana (3) 29 al 02 de febrero
29 enero-----------------------
Infografía película "El cuarto poder" del director Costa Gavras
Por equipos llevar investigación impresa sobre:
"Medios de comunicación Masiva"
"Prensa"
"Radio"
"Cine"
"Televisión"
Material didáctico para trabajar infografía en rotafolio sobre el tema "Comunicación Masiva y sociedad contemporánea"
02 de febrero
Llevar leída e impresa la siguiente lectura.
Infografía película "El cuarto poder" del director Costa Gavras
Por equipos llevar investigación impresa sobre:
"Medios de comunicación Masiva"
"Prensa"
"Radio"
"Cine"
"Televisión"
Material didáctico para trabajar infografía en rotafolio sobre el tema "Comunicación Masiva y sociedad contemporánea"
02 de febrero
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Agenda setting
Public opinion
and mass media. Theory of 'agenda setting'
José María
Rubio Ferreres
Profesor
titular de universidad. Departamento de Filosofía II. Universidad de Granada.
jmrubio@ugr.es
Los estudios
sobre la comunicación de masas constatan que los medios tienen efectos
significativos en la sociedad, aunque apenas hay un consenso sobre la
naturaleza y alcance de tales efectos. El problema del grado de influencia de
los media en los individuos y en la sociedad ha tenido diferentes respuestas.
Como observa Wolf, "toda la historia de la investigación comunicativa se
ha visto determinada de varias maneras por la oscilación entre la actitud que
detecta en los medios una fuente de peligrosa influencia social, y la actitud
que mitiga este poder, reconstruyendo la complejidad de las relaciones en las
que los media actúan" (Wolf 2001: 9). No obstante,, hay que reconocer que
se trata de una cuestión que pertenece al sector más amplio de las teorías más
generales sobre los medios de comunicación y que, como afirma McQuail, "el
poder de los medios puede variar con el tiempo" (McQuail 2000: 501). No
hay que descartar que la mayor o menor posibilidad de influencias de los medios
depende también de los momentos más o menos críticos de la sociedad. Parece que
en los tiempos de crisis los medios tienden a ser más influyentes, por ejemplo
en la caída del comunismo en Europa, la guerra del Golfo y de Irak y
actualmente la crisis financiera a nivel mundial. También se ha demostrado que
los medios tienen más influencia cuando se trata de noticias que no se conocen
ni se pueden conocer directamente, sino únicamente por la información que dan
los medios. El poder o los efectos potenciales de los medios pueden variar en
función de las circunstancias históricas y sociales. Lo cual no significa que
el problema pierda interés. Todo lo contrario. Es difícil, por no decir
imposible, infravalorar la importancia y el papel dominante que ha tenido y
sigue teniendo el problema de los efectos, a pesar de que haya tenido en los
diferentes períodos significativos cambios de matices y de planteamientos y de
respuestas, más o menos conductistas o funcionales.
Entre las
investigaciones sobre los efectos socioculturales de los medios destacan
actualmente los estudios empíricos que confirman el nexo que existe entre los
medios y la opinión pública (1).
1. Aproximación
al concepto de opinión pública
¿Qué es la
opinión pública? Después de hacerse esta pregunta, Elisabeth Noelle-Neumann
recuerda la siguiente anécdota:
"'Pues yo
todavía no sé qué es la opinión pública', dijo un participante en la sesión
matutina de una conferencia sobre la opinión pública cuando salía de la sala
para la pausa del medio día. Eso fue en 1961 en Baden-Baden, en un simposio de
profesionales e investigadores de los medios de comunicación. No era el único
que se sentía incómodo. Generaciones de filósofos, juristas, historiadores,
politólogos e investigadores del periodismo se han tirado de los pelos
intentando formular una definición clara de la opinión" (Noelle-Neumann
2003: 83).
Y lo lamentable
es que no se ha progresado. Más bien ha sucedido lo contrario, Al pretender
definir el concepto de opinión pública "se ha disuelto cada vez más hasta
volverse totalmente inútil a efectos prácticos" (Noelle-Neumann 2003: 83).
El concepto de opinión pública es ambiguo, difícil de delimitar; siempre
problemático. No obstante, pocos conceptos han creado un interés social y
político y, por supuesto un debate intelectual tan intenso como el que ha
suscitado el concepto de opinión pública. Y a pesar de la dificultad de
encontrar una definición general y unívoca de la opinión pública que sea
aceptable para la mayoría de sus estudios, esto "no significa, sin
embargo, que "opinión pública" sea algo, en ningún sentido, carente
de significado. El concepto continúa utilizándose en investigación, en
artículos sobre el gobierno, y en explicaciones de la conducta social humana,
tanto desde el punto de vista científico como desde cualquier otro. Y el propio
hecho de su uso continuado puede considerarse como firme testimonio de la
existencia del significado" (Price 1994: 18). Una salida del problema de
la definición de la opinión pública podemos encontrarla en que se consideren
sus diferentes usos y aceptar que su significado es un asunto de aire de
familia, como diría Wittgenstein, entre sus múltiples usos a lo largo de su
desarrollo histórico. No olvidemos que la opinión pública es un fenómeno
comunicativo y psicosocial que depende del contexto histórico y sociocultural.
Depende del tipo de sociedad y de los intereses políticos del momento; al mismo
tiempo que es producto de varios factores: de la personalidad de los
individuos, de los estratos sociales, de la forma de gobierno, del sistema
educativo imperante, de la acción de los medios de comunicación, etc. El
problema, por tanto, es complejo; por esto ante cualquier modelo y criterios
selectivos que se ofrezcan para explicar el proceso de formación de la opinión
pública habrá de tomarlos con sentido crítico. Esto por un lado; pero por otro,
el análisis de la opinión pública tiene que tomar en consideración como mínimo
los tres elementos que le dan forma:
a) los sujetos
o individuos que opinan,
b) el objeto o
tema sobre el que se opina,
c) el ámbito o
contexto en el que se forma la opinión pública.
Pero hay dos
formas o grados de presentar y definir la trilogía sujeto-objeto-contexto y,
por tanto, dos tipos de definiciones de la opinión pública:
a) las
definiciones amplias (D'Adamo 2007: 17s)
b) y las
definiciones estrictas (D'Adamo 2007: 19s).
En la
aproximación al estudio de la opinión pública hay que tener en cuenta también:
1) La
constatación de la existencia de unos fenómenos que son etiquetados como
opinión pública.
2) El poder de
la opinión pública en la sociedad.
3) Los
esfuerzos por explicar y comprender la opinión desde distintos marcos teóricos
e ideológicos.
4) El carácter
interdisciplinar de sus estudios: las ciencias jurídico-políticas, la
sociología, la psicología social, la filosofía y las ciencias de la
comunicación. Cada una de ellas tiene sus puntos de vista e intereses propios.
En 1957 P. F. Lazarsfeld (1969: 85-101) constataba la existencia de dos
tradiciones o enfoques en el estudio de la opinión pública a lo largo de la
historia: la tradición clásica y la tradición empírica, buscando establecer
puntos de encuentro entre ambas corrientes (2).
Pretendiendo
todavía aproximarnos al concepto de opinión pública, podemos establecer con más
facilidad lo que no es la opinión pública: la opinión pública no es lo mismo
que la cultura, como tampoco el conjunto de los paradigmas de ideas, creencias
y valores que predominan en cada sociedad. La opinión pública se crea y se
mueve dentro de los límites de esos paradigmas.
"Dentro de
ellos, lo individuos generan consensos y disensos, adaptaciones y desafíos,
forman imágenes y percepciones, refuerzan o contradicen las líneas de
pensamiento que impregnan cada época y las conectan, puntualmente, con cada
tema específico que adquiere relevancia pública y con cada comportamiento en el
que aquellos se manifiestan concretamente. Los paradigmas de ideas y
orientaciones valorativas cambian, pero lo hacen lentamente; la opinión pública
se manifiesta en fenómenos de corto plazo" (Mora 2005: 40).
La opinión
pública tampoco se confunde con las instituciones. La opinión pública es una
parte, y de las más importantes, de la vida pública. A la opinión pública se la
relaciona con el espacio público. De momento podemos afirmar que en la opinión
pública existe un incesante flujo de mensajes y discursos que circula
cotidianamente en la sociedad. Por tanto, podemos considerar la opinión pública
como un tejido social que refleja la cultura, los valores y las instituciones y
que se propaga a través de los múltiples canales de comunicación social.
El estudio de
la opinión pública ha de tomar en consideración, pues, "lo que opina la
gente, cómo formamos nuestros pensamientos acerca de los asuntos públicos, cómo
los trasmitimos a los demás y cómo las opiniones que circulan entre las
personas llegan a ser una parte sustancial de la realidad social. (…) Cuando la
gente habla entre sí y pone en circulación sus opiniones en el espacio social,
contribuye a la formación de un tejido social específico, intangible y a la vez
aprehensible para casi todos. Ese plano de la vida social constituido por las
opiniones que las personas emiten y circulan entre ellas es llamado opinión
pública" (Mora 2005: 23s). Esta forma de entender la expresión
"opinión pública" es verdadera, pero no agota su significado.
2. Opinión
pública y espacio público
"Por
espacio público entendemos un ámbito de nuestra vida social, en el que se puede
construir algo así como opinión pública. La entrada está fundamentalmente
abierta a todos los ciudadanos. En cada conversación en la que los individuos
privados se reúnen como público se constituye una porción de espacio público.
(...) Los ciudadanos se comportan como público, cuando se reúnen y conciertan
libremente, sin presiones y con la garantía de poder manifestar y publicar
libremente su opinión, sobre las oportunidades de actuar según intereses
generales. En los casos de un público amplio, esta comunicación requiere medios
precisos de transferencia e influencia: periódicos y revistas, radio y
televisión son hoy tales medios del espacio público" (Habermas 1973: 61).
3. Formación de
la opinión pública. Teoría de la agenda setting
Las opiniones
no surgen de la nada, sino que son el resultado de uno o varios procesos de
formación. Se trata, pues, de un proceso social en el que intervienen múltiples
factores. ¿Cómo se forman las opiniones? Existen varias formas de
representación del proceso de formación de la opinión pública.
Walter Lippmann
en su obra Opinión pública trata de la formación de un modelo de opinión
pública dependiendo de los medios de comunicación. Demostró que los medios
informativos, esas ventanas abiertas al inmenso mundo que queda más allá de
nuestra experiencia directa, determinan los mapas cognitivos que nos hacemos de
él. La opinión pública, sostiene Lippmann, responde, no al entorno, sino a un
seudoentorno construido por los medios informativos. Lo que viene a decir el
autor es que entre el entorno y los individuos está la presencia de un
seudoentorno que estimula su comportamiento. Lippmann hace la siguiente
aclaración:
"Podemos
tener la certeza de que en el ámbito de la vida social, lo que se denomina
adaptación de los individuos al entorno tiene lugar por medio de ficciones.
Cuando decimos ficciones no queremos decir mentiras, sino representaciones del
entorno que en mayor o menor grado son obra de los individuos. La ficción cubre
toda la gama, desde la alucinación pura al empleo plenamente consciente de
modelos esquemáticos por parte de los científicos, e incluso a su decisión de
que con respecto a un problema en particular, la exactitud más allá de un
número determinado de decimales carece de importancia. Las ficciones pueden
tener casi cualquier grado de fidelidad. Lo importante es tenerlo presente,
para evitar llamarnos a engaño" (Lippmann 2003: 33).
Según Lippmann,
los medios de información son, por tanto, una fuente primaria, aunque no única,
de las imágenes y de las ficciones que tenemos en nuestras mentes y con las que
se llega a formar opinión pública. Los medios en la transmisión de información
tienden a reducir la realidad a estereotipos. El autor los especifica como
"…las imágenes que se hallan dentro de las cabezas (...) de los seres
humanos, las imágenes de sí mismos, de los demás, de sus necesidades,
propósitos y relaciones son sus opiniones públicas". En otras palabras,
consiste en un mecanismo mental mediante el cual se asigna a cada una de las
realidades que percibimos en nuestro entorno una referencia, una imagen mental.
Son los medios de comunicación, convertidos en poderosas instituciones sociales
y socializadoras, los que crean y transmiten estos estereotipos. Lippmann
aclara la perspectiva de su teoría:
"El mundo
que debemos afrontar políticamente queda fuera de nuestro alcance, visión y
comprensión. Por tanto, nos vemos en la necesidad de investigarlo, narrarlo e
imaginarlo. (…) Estamos aprendiendo a ver mentalmente porciones muy vastas del
mundo que nunca podremos llegar a observar, tocar, oler, escuchar ni recordar.
De forma gradual estamos construyendo imágenes mentales fiables del mundo que
queda fuera de nuestro alcance. En general denominamos asuntos públicos a los
aspectos del mundo exterior que están relacionados con comportamientos
desarrollados por terceros y que en alguna medida interfieren con el nuestro,
dependen de nosotros o nos interesan. Las imágenes mentales creadas por ellos,
las imágenes de ellos mismos, de otros individuos, de sus necesidades,
propósitos y relaciones constituyen sus opiniones públicas. Las imágenes que
provocan reacciones por parte de grupos de personas, o de individuos que actúan
en nombre de grupos, constituyen la Opinión pública con mayúsculas" (Lippmann
2003: 41s).
La base de la
opinión pública es más cognitiva que racional. Por una lado es consecuencia de
representaciones, esquemas mentales, imágenes simbólicas que los individuos
construyen en cuanto a la realidad. Pero por otro lado, estos esquemas cognitivos,
en tanto fuentes de opiniones, son en su mayoría una representación parcial. Y,
finalmente, El ambiente familiar y compartido por todos individuos -llamémosle
"mundo de la vida"- es sustituido por un "seudoentorno", al
que contribuyen la propaganda política, los medios, las imágenes individuales,
el egocentrismo y la manipulación, así como la experiencia de mundos y
realidades no disponibles directamente.
Según Sartori,
existen tres modalidades de procesos de formación de la opinión pública:
A. Un descenso
en cascada desde las élites hacia abajo.
B. Una
agitación desde la base hacia arriba.
C. Una
identificación grupos de referencia (Sartori 2007: 77).
A. El descenso
y dispersión de las opiniones formadas por las élites están desarrollados en el
modelo en cascada propuesto por K. W. Deutsch. En este modelo los niveles que
configuran la cascada son cinco. 1) En el primer nivel , en lo alto circulan
las ideas de las élites económicas y sociales; 2) pasan al segundo nivel, en el
que se encuentran y enfrentan las élites políticas y de gobierno; 3) circulan
por las redes de comunicación de masas y, en buena medida, por el personal que
transmite y difunde los mensajes; 4) llegan a los líderes de opinión a nivel
local 5) y finalmente, todo confluye en el demos, en el estanque de los
públicos de masas. Hay que destacar que ninguno de estos niveles tiene un
carácter monolítico; en cada depósito las opiniones y los intereses son
discordantes y los canales de comunicación múltiples y polifónicos. En todos los
niveles encontramos, pues, una dialéctica o conflicto de opiniones y de
interpretaciones. Deutsch también subraya una continua presencia de
retroacciones de retorno, de feedbacks. El modelo cascada de la opinión pública
no es, por consiguiente unidireccional de arriba abajo, sino que existen
complejos procesos de reequilibrio y una neutralización recíproca.
"Cuando
afirmamos que en las democracias el público se forma una opinión propia de la
cosa pública, no afirmamos que el público lo haga todo por sí mismo y solo.
Sabemos muy bien, por tanto, que existen 'influyentes' e 'influenciados', que
los procesos de opinión van desde los primeros a los segundos, y que en el
origen de las opiniones difusas están siempre pequeños núcleos de difusores.
(…) Todo depósito no sólo desarrolla un ciclo completo, sino que en el seno de
todo depósito los procesos de interacción son horizontales: influyentes contra
influyentes, emisores contra emisores, recursos contra recursos" (Sartori
2005: 176).
Sartori da una
especial importancia al segundo nivel de la cascada: el de la clase política,
que encaja perfectamente con la imagen del "salto", "no tanto
porque implica una bajada sino porque evoca una discontinuidad, una
separación" (Sartori 2007: 78). Su importancia está en que la mayoría de
las veces la opinión pública está relacionada con lo que dicen y hacen los
políticos. Estos constituyen un microcosmos muy competitivo en el que los
partidos luchan entre sí para apoderarse de los electores; esta lucha está
incluso entre los miembros de un mismo partido para arrebatarse los cargos unos
a otros, se mueven dentro de un mundo cerrado de juegos de poder.
"De la
diversidad de los partidos, y más aún, de la conflictividad entre ellos, surgen
por lo tanto innumerables y contradictorias voces que llegan en primera
instancia al personal de los medios. Este personal no las transmite tal cual.
Como mínimo, cada canal de comunicación establece qué es, o no es, noticia.
Cada canal selecciona, simplifica, acaso distorsiona, sin duda interpreta, y a
menudo es fuente autónoma de mensajes. Y también en este nivel existen reglas
de juego, y por lo tanto se producen interacciones horizontales" (Sartori
2007: 78s).
Están también
los líderes locales de opinión, los cuales desempeñan un papel no menos
decisivo, ya que hacen de filtro y de prisma para la comunicación de masas.
¿Cuál es la ubicación y función de los intelectuales en la formación de la
opinión pública, según el modelo en cascada? Sartori advierte que este punto se
le escapa a Deutsch; y explica la razón.
"Quizá
porque la superproducción y consiguiente masificación de los intelectuales es
un desarrollo de los últimos decenios que caracteriza, para decirlo con Daniel
Bell, a la sociedad postindustrial. La población que dispone de "diplomas
para pensar" ha crecido desmesuradamente y, con su crecimiento, ha
aumentado también su peso específico. Si no por otra razón, por razones
cuantitativas el fermento del intelecto o del pseudo-intelecto se distribuye en
todos los niveles. Si hasta hace una veintena de años el grueso de los
intelectuales encontraba un empleo relativamente apartado y remoto en la
universidad, hoy una "nueva clase" colapsa los medios de
comunicación, y al no encontrar ya un puesto ni siquiera allí, se orienta en
otras direcciones. La expansión de la profesión intelectual y su difusión más o
menos activa en todo el cuerpo social da lugar a que el modelo del bubbling-up
haga agua e intensifica la fermentación de opiniones que no caen desde lo alto
sino que, por el contrario, pululan y germinan o bien en pequeños núcleos de
intelectuales o en el nivel de masas" (Sartori 2005: 177s).
B. Al modelo en
cascada se le añade y contrapone el modelo llamado del bubble-up, que Sartori
describe "como un 'rebullir' del cuerpo social que sale hacia lo
alto" (Sartori 2005: 174). El modelo de Deutsch sirve cuando se trata de
una opinión, cuyos problemas no atañen directamente a la gente, pero no sirve
cuando los problemas tocan de cerca, preocupan directamente al pueblo. Según
este modelo, la opinión pública emerge como chorro y borbollones y se impone en
una dirección que va de abajo (pueblo) hacia arriba (élites).
"De vez en
cuando el público se plantea y reacciona de manera inesperada, imprevista y no
deseada por parte de los que se encuentran en las cuencas superiores. Por
tanto, se producen "mareas de opinión" que de verdad consiguen
remontar el curso de las aguas. Tan sólo dejando aclarada y bien aclarada esta
cuestión se puede estar de acuerdo con la tesis de que los procesos normales, o
más frecuentes, de génesis de opinión pública son en escala" (Sartori
2007: 79).
C. Finalmente
está el tercer modelo, según el cual las opiniones de los individuos derivan de
la identificación con grupos de referencia: la familia, grupos de coetáneos, el
grupo de trabajo, identificaciones partidistas, religiosas, de clase, étnicas,
etc. El yo es un yo de grupo que se integra en los grupos y con los grupos, que
constituyen su punto de referencia. Las opiniones se forman y alimentan, pues,
de dos fuentes: de los mensajes informativos y de las identificaciones.
Foote y Hart
(1953) describen cinco fases colectivas en el proceso de formación de la
opinión pública:
1) Fase del
problema: una situación es considerada como problemática por una persona o
grupo, aunque el problema y sus consecuencias no han sido completamente
definidos.
2) Fase
propuesta: tiene lugar la formulación de una o más líneas de acción como
respuesta al problema ya definido.
3) Fase
política: el centro de atención se encuentra en el debate activo; se discuten
las propuestas y alternativas y la viabilidad de aplicación de cada una de las
soluciones. En esta fase el debate público y el liderazgo se constituyen en
elementos principales.
4) Fase
programática: es el momento en el que se lleva a cabo la acción aprobada o
consensuada en las etapas anteriores.
5) Fase de
valoración: involucra las evaluaciones periódicas de la eficacia de la política
elegida.
4. Influencia
de los medios de comunicación en la formación y regulación (control) de la
opinión pública
4.1. Opinión
pública y democracia
Opinión pública
y democracia van unidas. La libertad de opinión es un valor irrenunciable de
las sociedades democráticas; es la herencia del pensamiento ilustrado del siglo
XVIII: pensar por cuenta propia y opinar libremente, en libertad.
Ahora bien, la
libertad de opinión requiere unas condiciones fundamentales, que se resumen en
los siguientes principios:
a) El principio
de libertad de pensamiento.
b) El principio
de libertad de expresión.
c) El principio
de libertad de organización o de asociación.
Estos
principios no van sueltos; forman un ensamblaje indestructible. Efectivamente,
como aclara Sartori, "la libertad de pensamiento no es sólo la libertad de
pensar en silencio, en lo cerrado del alma, lo que nos plazca: presupone que el
individuo puede acceder libremente a todas las fuentes del pensamiento;
presupone además que cada uno sea libre de aceptar y controlar lo que encuentre
escrito u oye decir, y por lo tanto presupone, entre otras cosas, mundos
abiertos, mundos atravesables que nos permitan ir a verlos en persona.
A su vez, la
libertad de expresión, la libertad de escribir o decir lo que se piensa en
privado, presupone una "atmósfera de seguridad". La libertad de
opinión está tutelada por una carta constitucional (3). "Finalmente, la
libertad de expresión es también, en su evolución natural, libertad de
organizarse para propagar lo que tenemos que decir. Los modernos partidos políticos,
cuya matriz se encuentra en los clubs de opinión y de difusión de las opiniones
del siglo XVIII, constituyen la primera ilustración concreta de cómo la
libertad de expresión se convierte en 'organización de la opinión'. A nosotros
nos interesa además, por otro lado, la libertad de organizar las
comunicaciones, y más precisamente la estructura de las comunicaciones de
masas, que es, al mismo tiempo, el producto y el promotor de la libertad de
expresión" (Sartori 2005: 179). Sartori identifica la libertad de
organización con "policentrismo". En las sociedades democráticas los
medios de comunicación tienen una estructura policéntrica, aunque el grado y la
configuración varía de un país a otro. Esto está claro. Pero también es cierto
que quienes pretenden negar la existencia "real" del carácter
policéntrico de los medios de comunicación, deberán hacerlo comparándolo
"con el monopolio de estructura monocéntrica característico de los
totalitarismos y las dictaduras. Es cierto que también los medios de comunicación
de las democracias merecen todo tipo de reservas y acusaciones; pero negar su
policentrismo y su centralidad sería equivocarse de negación" (Sartori
2007: 83).
En el sistema
democrático la estructura policéntrica de los medios de comunicación es contraequilibrada
y está, en cierta medida neutralizada por el hecho de emitir mensajes
distintos, cuyas voces están contrastadas por contravoces. Cosa que no se da en
los sistemas totalitarios. Un sistema totalitario se caracteriza por los
siguientes elementos:
1º. La
estructura de todos los medios de comunicación de masas es rígidamente
monocéntrica y monocolor, con una sola voz: la del régimen
2º. Los medios
de socialización y las instituciones educativas aparecen como instrumentos de
una única propaganda de Estado; de ahí que la distinción entre propaganda y
educación es abolida.
3º. El sistema
totalitario tiene un mundo cerrado y hostil a todo lo exterior; por esto su
única preocupación es censurar todos los mensajes del mundo circundante que no
coinciden con la ideología del sistema.
4º. En el
sistema totalitario los líderes de opinión están férreamente controlados,
incluso más que por el control policial, por la presión de los activistas y
guardianes del partido.
5º. Lo que
pretende últimamente el totalitarismo es destruir definitivamente la libertad
personal de pensamiento, de expresión y de organización. El totalitarismo es la
invasión de la "esfera privada"
"La
propaganda y el adoctrinamiento totalitario no han generado un 'hombre nuevo',
pero han sido muy eficaces atrofiando al hombre libre y su libertad de opinar
por su cuenta. Cuando el ciudadano queda expuesto, casi desde la cuna hasta la
sepultura, a una propaganda obsesiva y adoctrinante que hace que todo cuadre
porque todo es falso, y que hace que todo parezca cierto impidiendo la
verificación de la verdad; cuando es así, estamos ante un público engañado y
enjaulado en el engaño sin remedio, y por lo tanto estamos ante una opinión en
el público que no es en absoluto del público. Mientras haya totalitarismo no
existe una opinión pública digna de ese nombre. No existe porque no camina por
sí sola y no tiene modo de ser 'ley de sí misma'(autónoma)" (Sartori 2007:
85).
Podemos decir
que la condición democrática de la opinión pública hace que ésta sea
"polifónica", es decir, que la opinión pública esté marcada
intrínsecamente por un "conflicto de interpretaciones", dándole una
riqueza de contenido y de puntos de vista.
Hasta aquí el
principio, la teoría; mejor dicho, lo que debería ser. Pero, desgraciadamente,
la realidad es muy diferente, pues la opinión pública ha sido golpeada, y sigue
siéndolo todavía más actualmente, por la propaganda sutilmente totalitaria de
los líderes y por el poder de control social de los medios de comunicación de
masas.
4.2. Opinión
pública e información mediática. Hipótesis de la agenda setting
La opinión
pública para que tenga una base consistente necesita de información. ¿El
público está suficientemente informado, insuficientemente informado o
ampliamente desinformado?
El estudio de
la opinión pública hay que hacerlo en el contexto de la comunicación de masas y
de los efectos sociales de los medios de la información.
No debemos
perder de vista que la opinión pública, en tanto opinión razonada y bien
informada, ha estado siempre en manos de la minoría dominante, de grupos cultos
y minoritarios reunidos en los clubs (Chartier 2003), y con acceso directo a los
medios de comunicación. En la sociedad de masas la opinión pública sigue
teniendo por sujeto al público, pero éste no se parece en nada al público de la
Ilustración. Ahora el público lo forman las masas o mayorías, que se muestran
dóciles, receptivas, manipulables, irracionales y mediatizadas por las élites y
los medios de comunicación (4). Esto nos demuestra la relación directa de la
opinión pública con los medios de comunicación. Uno de los aspectos más
destacados de la comunicación de masas y que mejor define sus funciones de
control sociocultural y político es la tipología de los mensajes transmitidos,
en los que tienen especial importancia la información en sentido estricto, es
decir, las noticias. Éstas influyen en muchas facetas de nuestra vida cotidiana
(McCombs 1996). Y aunque el contenido de la información pueda ser más o menos
"objetivo", en general siempre está manipulado por las empresas
periodísticas o de comunicación e información y por los propios periodistas o
redactores, sirviéndose inevitablemente de determinados criterios de
elaboración (McQuail 2000: 327-357). Este es un mecanismo sociocultural y
político de gran influencia y de fuerte presión simbólica (McQuail 2000:
327-357) y que se encuentra en las dos partes: en los emisores y en los
receptores, en el público. La descripción, comentario y valoración sobre
cualquier acontecimiento están siempre subsumidos en las interpretaciones que
sobrepone el emisor. La información incide, pues, de alguna manera sobre la
opinión. Pero los receptores suelen aportar también unas actitudes selectivas
sobre aquellos problemas que les interesan. Ni la información, ni la opinión
pública son neutrales; siempre suponen opciones interesadas, por ambas partes.
La teoría de la
construcción social de la realidad, propuesta por Berger y Luckmann (2006),
trata de estudiar en qué medida la imagen del mundo social se elabora bajo la
influencia de los medios de comunicación, en los estudios sobre la opinión
pública en la sociedad de la información adquieren mayor importancia las
teorías sobre los efectos sociales de los medios. Desde cualquier perspectiva
que se observe la historia de los estudios sobre la opinión pública, es
evidente la importancia que en ella ha tenido, y sigue teniendo todavía, el
problema de la influencia y de los efectos que ejercen los medios de
comunicación de masa sobre los individuos, sobre los grupos, sobre las
instituciones y sobre el sistema social. El problema de los efectos se agravó
más con la llegada de la televisión.
El modelo que ha
explicado con más éxito los efectos que producen los medios de masas y cuáles
son sus relaciones con la opinión pública ha sido la teoría de la agenda
setting, que está enmarcada en los estudios de los efectos a largo plazo. En
dicha teoría se enfatiza el poder de los medios de comunicación para atraer la
atención hacia ciertos temas o problemas y al mismo tiempo crear los marcos de
interpretación de los acontecimientos sociales. Los medios, informando sobre la
realidad externa, presentan al público una lista de los temas que serán objeto
de la opinión pública. Está claro que el enorme crecimiento y la expansión de
las instituciones mediáticas constituyen hoy en día un elemento determinante de
la sociedad contemporánea. Su principal objetivo es influir en la opinión
pública. El sociólogo Robert Park dio mucha importancia a la influencia
señalizadora de las noticias. McCombs refuerza esta idea al afirmar que
"las noticias diarias nos avisan de los últimos acontecimientos y de los
cambios en ese entorno que queda más allá de nuestra experiencia inmediata.
Pero las informaciones de la prensa y la televisión, incluso las que viene tan
apretadas en un diario sensacionalista o en una web de Internet, hacen bastante
más, en realidad, que limitarse a señalar la existencia de hechos y asuntos
importantes. Los editores y directores informativos, con su selección día a día
y su despliegue de informaciones, dirigen nuestra atención e influyen en
nuestra percepción de cuáles son los temas más importantes del día. Esta capacidad
para influir en la relevancia de las cuestiones del repertorio público es lo
que se ha dado en llamar la fijación de la agenda por parte de los medios
informativos" (McCombs 2006: 24). La selección de las noticias más
importantes dada al inicio de los informativos, la noticia o noticias que
aparecen en la primera página de los periódicos, el tamaño de los titulares, la
extensión de una noticia y el insistir en ella un día y otro día, apuntan hacia
la determinación de la importancia de los acontecimientos y ponerlos en el
centro de atención de la opinión pública. Son los medios lo que trazan las
pistas sobre la importancia de los temas de la agenda diaria. En cuanto al
público, éste recurre a esas pistas de relevancia para organizar y también
decidir cuáles son los temas más importantes que atraen su atención. De ahí que
la agenda de los medios de información se convierte en la agenda pública. En
otras palabras, los temas de preocupación más destacados se transforman en
temas de preocupación más importantes. Esta es la tesis central de la teoría de
la agenda setting (McCombs 2006: 29).
Esta teoría
sostiene que "como consecuencia de la acción de los periódicos, de la
televisión y de los demás medios de comunicación, el público es consciente o
ignora, presta atención o descuida, enfatiza o pasa por alto, elementos
específicos de los escenarios públicos. La gente tiene a incluir o a excluir de
sus propios conocimientos lo que los media incluyen o excluyen de su propio
contenido. El público además tiende a asignar a lo que incluye una importancia
que refleja el énfasis atribuido por los mass media a los acontecimientos, a
los problemas, a las personas" (Shaw: 96). Los medios no buscan
primeramente persuadir, sino que al describir y precisar la realidad social
externa, presentan al público la lista de todo aquello en torno a lo que la
opinión pública debe opinar y debatir. Según Shaw, "el presupuesto
fundamental de la agenda setting es que la comprensión que tiene la gente de
gran parte de la realidad social es modificado por los media" (Shaw: 96).
Aquí se acentúa, pues, una dependencia cognitiva del público respecto a los
medios, tanto desde el punto de vista del "orden del día" de los
temas, problemas y argumentos, que están presentes en la agenda de los media,
como del "orden de importancia y de prioridad" que dichos elementos
son dispuestos en el "orden del día". Como ya hemos visto
anteriormente, Walter Lippmann en el capítulo titulado El mundo exterior y las
imágenes que nos hacemos en la cabeza y que le sirve de apertura de su clásica
obra La opinión pública expone su tesis, según la cual los medios informativos,
esas ventanas abiertas al inmenso mundo que queda más allá de nuestra
experiencia directa, determinan los mapas cognitivos que nos hacemos de él. Por
esto la opinión pública, sostiene Lippmann, no responde al entorno, sino al
pseudo-entorno construido por los medios informativos.
La hipótesis de
la agenda setting no es una vuelta a la teoría hipodérmica (Wolf 2000: 22-35),
y por tanto, no defiende unos efectos poderosos de los medios, ni considera
tampoco a los receptores como autómatas que dan simples respuestas a los
estímulos de los medios, pero sí da una importancia a los medios a la hora de
hacer el repertorio de la agenda pública; insistiendo en lo que ha dicho antes
Lippmann, la información que nos suministran los medios juega un papel
importantísimo en la construcción de nuestras imágenes de la realidad social.
Lo que influye, por tanto, en la construcción de esas imágenes es el conjunto
total de la información que nos dan los medios.
Existe, por
tanto, una relación entre la hipótesis de la agenda setting y la sociología del
conocimiento. Ésta, al centrarse en la importancia y en el papel de los
procesos simbólicos y comunicativos, en tanto presupuestos de la sociabilidad,
se convierte progresivamente en una de las temáticas-guía en la fase actual de
las investigaciones sobre estos temas; y precisamente por esto, paralelamente,
los estudios sobre los efectos de los medios de comunicación se confunden, en
ciertos aspectos, con los estudios de los procesos de la construcción de la
realidad social. Se pasa, por tanto, del modelo transmisor de la comunicación
al modelo centrado en el proceso de significación. Y es desde este punto de
vista que los medios desempeñan un papel de construcción de la realidad social
y nos ayudan a estructurar la imagen de la realidad, del imaginario social, a
largo plazo, a organizar nuevos elementos de tales imágenes, a formar nuevas
opiniones y creencias. En el centro de la problemática de los efectos está pues
la relación entre la acción constante de los mass media y el conjunto de
conocimientos sobre la realidad social, que da forma a una determinada cultura
interviniendo en ella de forma dinámica. La hipótesis de la agenda setting no
defiende que el objetivo fundamental de los media es persuadir; "los
media, al describir y precisar la realidad externa, presentan al público una
lista de todo aquello en torno a lo que tener una opinión y discutir (…) El
presupuesto fundamental de la agenda setting es que la comprensión que tiene la
gente de gran parte de la realidad social es modificada por los media" (Shaw:
103). Cohen puntualiza que la prensa no consigue decir a la gente lo que tiene
que pensar, pero sí es capaz de decir a los propios lectores sobre qué temas
tienen que pensar (Cohen 1963: 13).
Pero los medios
proporcionan algo más que un cierto número de noticias. Proporcionan también
las categorías y los niveles de significación en los que los destinatarios
pueden situarlos de forma significativa (Shaw: 103). Hemos dicho antes, que en
las sociedades de la información existe una presencia de "paquetes"
de la realidad que los sujetos no experimentan ni pueden experimentar
directamente, sino que son conocidos y vividos exclusivamente en función de o a
través de la mediación simbólica e interpretativa o selectiva de los medios de
comunicación de masas. La mayoría de los conocimientos que los individuos
tienen acerca de cuestiones públicas, la mayor parte de los temas y problemas
que atraen nuestra atención, no provienen de la experiencia directa y personal,
sino de los medios de comunicación, los cuales actúan como principal fuente de
información. Si tomamos, pues, la locución de Lippmann: "las imágenes que
tenemos en la cabeza" en sentido literal, la teoría del establecimiento de
la agenda da una mayor profundidad al conocimiento de la influencia de los medios
de comunicación en la formación de la opinión pública. Pero ¿quién o quienes
establecen la agenda mediática? ¿Cuáles son los factores que configuran la
agenda que presentan los medios?
Está claro que
la mayoría de los temas o asuntos que atraen la atención o nos preocupan quedan
fuera de nuestra experiencia personal directa y que La fuente principal de
tales temas o asuntos son los medios de comunicación. Recordemos la tesis de
Walter Lippmann expuesta en su obra La opinión pública: "el mundo de la política
con el que nos la jugamos nos queda fuera del alcance, de la vista y de la
mente" (Lippmann 2003).
"En casi
todos los temas del repertorio público, -escribe McCombs- los ciudadanos se las
ven con una realidad de segunda mano, que viene estructurada por las
informaciones que dan los periodistas de esos hechos y situaciones. (…) Los
editores y directores informativos, con su selección día a día y su despliegue
de informaciones, dirigen nuestra atención e influyen en nuestra percepción de
cuáles son los temas más importantes del día. Esta capacidad para influir en la
relevancia de las cuestiones del repertorio público es lo que se ha dado en
llamar la fijación de la agencia por parte de los medios informativos"
(McCombs 2006: 24).
El público
recurre a las pistas de relevancia que le ofrecen los medios para organizar su
propia agenda y decidir cuáles son los temas más importantes en la
consideración pública. La agenda de los medios de información -agenda
mediática- se convierte en la agenda pública, se transforma en opinión pública.
La siguiente tabla ilustra la teoría de la agenda setting.
TRANSFERENCIA
DE LA RELEVANCIA TEMÁTICA
AGENDA
MEDIÁTICA
Patrones de
cobertura informativa
AGENDA PÚBLICA
Preocupaciones
del público
Temas más
destacados de preocupación mediática
Temas más
importantes de preocupación pública
Según la teoría
de la agenda setting, el papel de los medios, en tanto fijadores de la agenda,
consiste en su influencia sobre la relevancia del tema, es decir, en destacar
la importancia del tema como objeto de la opinión pública. Cohen estableció
claramente el objetivo de la agenda setting:
"La prensa
no tiene mucho éxito en decir a la gente qué tiene que pensar, pero sí lo tiene
en decir a sus lectores sobre qué tienen que pensar" (Cohen 1963).
La agenda
mediática no decide lo que -qué- tiene que pensar u opinar el público, pero sí
sobre qué tiene que opinar. Antes hemos destacado que la mayoría de las veces
no podemos acceder a una información directa y de primera mano del mundo
exterior; se comprende perfectamente la tesis que Lippmann ya estableció a
principios del siglo XX: los medios informativos, en tanto ventanas del mundo
exterior que queda más allá de nuestra experiencia directa, determinan los
mapas cognitivos, nuestras imágenes, que nos hacemos de él (5). Lippmann,
haciendo una actualización contemporánea de la alegoría de la caverna
platónica, observa "cuán indirectamente conocemos el entorno en el que sin
embargo vivimos (…); pero sea lo que fuere eso que tomamos por una imagen verdadera,
la consideramos como si del propio entorno se tratara" (Lippmann 2003: 4).
Pero no lo olvidemos, son los medios lo que nos narran o informan cómo es el
mundo y lo que sucede en él, y al que habitualmente no tenemos acceso directo,
con el riesgo de que nuestras mentes reproduzcan un mundo distinto al real, un
"mundo imaginario", ya que el "mundo real" está "fuera
del alcance, de la mirada y de la mente" (Lippmann 2003: 29). Hablar,
pues, de agenda setting es hablar de las imágenes de los temas que destacan los
medios además de la transferencia a las imágenes que se reproducen en nuestras
mentes o en nuestro mundo interior.
McCombs y Shaw,
en 1972, acuñaron el término agenda setting para referirse al poder de los
medios de comunicación de masas de dirigir la atención de la opinión pública
hacia ciertos temas particulares, que aquéllos presentan como los más
sobresalientes y problemáticos en cada momento (McCombs y Shaw 1972: 176-187).
De ahí el papel relevante y a veces polémico de los medios. La idea principal
de la teoría de agenda setting se centra en presentar las "imágenes"
de las noticias a modo de "ventanas" que presentan visiones limitadas
del mundo exterior. La metáfora de la ventana resulta aún más apropiada si los
cristales son opacos, de distinto color y su superficie desigual (6). La
conclusión es que los medios informativos presentan una visión limitada de un
entorno de mayor alcance, lo que vendrá a confirmar la importancia del concepto
de "horizonte hermenéutico" y del de "conflicto de
interpretaciones".
Pero lo más
sorprendente a la hora de analizar los efectos de la agenda setting es la gran
variedad de los escenarios geográficos y culturales en los que se establece la
agenda mediática. Son factores que hay que tener en cuenta. Aunque se dan otros
factores que también son decisivos a la hora de establecer la agenda mediática
y enlazarla con la agenda pública u opinión pública: el nivel o grado de
apertura democrática de los gobiernos y de los medios de comunicación. La
comparación entre las influencias de sistemas mediáticos abiertos y cerrados
suele ser significativa, mientras que la comparación entre las influencias de
sistemas políticos y culturales abiertos y cerrados se mantiene básicamente
constante.
En el análisis
de los efectos de la agenda mediática y de la agenta pública hay que tener en
cuenta también las variables personales de los individuos:
1) La
experiencia personal.
2) El nivel
educativo.
3) El interés
por la política.
4) La necesidad
de orientación.
a) La relevancia personal de la noticia.
b) El grado de incertidumbre, el cual
dependerá en buena medida de la experiencia y del conocimiento anterior del
tema en cuestión.
c) La "combinación de agendas"
(agenda melding) (McCombs 2006: 269).
Existe también
una tipología de agenda setting, por ejemplo:
1) La agenda
cultural (McCombs 2006: 259ss).
2) Las agendas
religiosas (McCombs 2006: 262ss).
3) La
agenta-setting en la enseñanza universitaria (McCombs 2006: 263ss).
4) La agenda
publicitaria (McCombs 2006: 265ss). y muchas más.
Referente a si
el poder y eficacia de la agencia mediática para generar influencia depende de
los diversos medios de comunicación, no está claro, pues parece que depende de
las situaciones y de los intereses personales, pues hay quienes prefieren más
la prensa y otros las TV (McCombs 2006: 101. Wolf 200: 181-186).
Hasta aquí
hemos analizado la agenda setting en su primera fase o dimensión: cómo los
medios destacan ciertos acontecimientos que determinan la formación de la
agenda pública. A partir de un artículo publicado en 1994, titulado:
"Influencing the pictures in our heads: two dimensions of agenda setting",
McCombs comienza a analizar las influencias que originan en las audiencias las
opiniones y comentarios que transmiten los medios sobre los temas de
información. Se está considerando el segundo nivel de la agenda setting. Cuando
un periodista, por ejemplo, informa sobre un tema o acontecimiento usa palabras
que no son neutras. Son palabras cargadas de opinión y de valoración, por
ejemplo, adjetivos y adverbios. McCombs las denomina "atributos". Se
establece, por tanto, una nueva agenda: la "agenda de los atributos".
La frase de Cohen necesita una revisión y ampliación, ya que, según este
segundo nivel, los medios no dicen sólo sobre qué hay que pensar, sino también
cómo hay que pensar sobre determinados temas o asuntos. El establecimiento de
la agencia de los atributos reclaman una atención sobre la perspectiva
valorativa de los comunicadores y de sus receptores o audiencias. Esto supone
un avance importante en la explicación de los efectos de los medios.
Efectivamente, los medios no sólo influyen porque resaltan la importancia de
ciertos temas y cuestiones, sino también porque proporcionan los estándares que
el público adopta para evaluar las cuestiones sociales y política a la hora de
tomar decisiones. El primer aspecto de la agenda setting es denominado priming
(preparación o preactivación). Existe un segundo aspecto llamado framing
(encuadre).
"Encuadrar
es seleccionar algunos aspectos de una realidad que se percibe y darles más
relevancia en un texto comunicativo, de manera que se promueva una definición
del problema determinado, una interpretación causal, una evaluación moral y/o
una recomendación de tratamiento para el asunto descrito" (McCombs 2006:
170).
Por el
"encuadre" los medios llevan a cabo un sutil proceso de selección de
ciertos aspectos de la información, que son presentados como más importantes,
al mismo tiempo que hacen unas evaluaciones positivas o negativos del tema. Los
medios, pues, inducen al público no sólo a pensar sobre un tema o temas
concretos, sino que sugieren también qué decir de los hechos, cómo
interpretarlos y evaluarlos. El framing o ecuadre es el marco interpretativo de
la información.
La
"preactivación" (priming) y el "encuadre" (framing)
constituyen los dos aspectos fundamentales de la agenda setting y ambos están
vinculados al proceso de la construcción social. Las coberturas informativas se
realizan desde ciertos ángulos perceptivos e interpretativos, que se difunden
desde la agenda mediática a la agenda pública. El concepto de frame o marco
aplicado a la agenda de los medios se refiere a "la idea central
organizadora del contenido informativo que brinda un contexto y sugiere qué es
el tema mediante el uso de la selección, el énfasis, la exclusión y la
elaboración" (McCombs 2006: 170). El encuadre es el marco interpretativo,
que supone siempre un proceso comunicativo y, por tanto, una vinculación con el
emisor, con el texto, con el receptor y con una cultura. Por esto, "la
convergencia del encuadre y del establecimiento de la agencia de atributos
supone un avance importante en la explicación de los efectos de los medios, al
colocar el acento sobre el estatuto especial que poseen determinados atributos
y encuadres, en el contenido del mensaje" (McCombs 2006: 171).
Ahora bien,
"las descripciones de las personas, de los temas de interés público y de
otros objetos en las informaciones van desde los atributos de lo más simple,
como la edad de alguien o el sitio donde nació, hasta atributos sumamente
complejos, como el ser un conservador compasivo o un nuevo laborista"
(McCombs 2006: 172). El abanico de atributos cognitivos y afectivos a lo largo
de una narración continua suele ir también de lo micro a lo macro, de lo local
a lo internacional (McCombs 2006: 141ss). Lo cual tiende a hacer más compleja
la descripción de atributos y el encuadre en la agenda mediática y pública. Lo
mismo pasa con los temas de interés público.
Desde el punto
de vista descriptivo, no existe una clara diferencia entre el atributo y el
encuadre, pues ambos describen el tema u objeto. "Un encuadre es un
atributo del objeto en cuestión, dado que describe el objeto. Sin embargo, no
todos los atributos son encuadres. Si se define el encuadre como un punto de
vista dominante del objeto - una descripción y caracterización del objeto
dominantes -, entonces un encuadre queda delimitado, de manera fructífera, como
un caso muy especial de los atributos" (McCombs 2006: 173). Lo que
distingue al encuadre como atributo especial de los otros atributos del objeto
son las cualidades gestálticas. La cualidad gestáltica, que distingue a los
encuadres de la masa de atributos, tiene el poder "para estructurar el
pensamiento, para moldear la manera en que pensamos de los temas de interés
público, los candidatos políticos y los objetos de las noticias. Los encuadres
han sido descritos como "esquemas de interpretación"" (McCombs
2006: 173s). Gracias a estos esquemas interpretativos, los encuadres atraen la
atención del público hacia los puntos de vista dominantes en las imágenes, los
cuales no sólo sugieren qué es relevante o no lo es, sino que trazan una
definición del problema, una interpretación causal y una evaluación moral. Es
así como la teoría de la agenda setting enfatiza la dinámica estructural entre
los medios y las audiencias, que es cómo se origina la opinión pública. Esta
dinámica estructural, por la misma naturaleza del proceso de comunicación tiene
como centro de interés la interpretación del mensaje, por la que algunos
atributos serán considerados más adecuados -"exitosos"- que otros.
Determinados atributos pueden alcanzar una tal resonancia entre el público que
se conviertan en argumentos retóricos convincentes para la relevancia del tema
o persona.
"La idea
de que determinados atributos de un objeto funcionen como argumentos
convincentes para su relevancia añade un nuevo enlace al mapa teórico de la
agenda setting. (…) Los argumentos convincentes son los encuadres, pues son
maneras determinadas de organizar y estructurar la imagen de un objeto que
disfruta de éxito entre el público" (McCombs 2006: 179).
El argumento
convincente es la "tercera vía", un aspecto importante, para la
transferencia de la relevancia entre la agenda mediática y la agenda pública,
del proceso de establecimiento de la agenda (7).
¿Hay que
entender la transferencia de la relevancia del tema entre la agenda mediática y
la agenda pública en un sentido conductista? McCombs no lo entiende así.
"En muchos
casos, estos puntos de vista del periodismo influyen de manera importante en
las imágenes del mundo que posee el público. ¡Pero no siempre! (…). Los medios
informativos son la principal fuente de información del público sobre los
asuntos públicos, pero el público no es un autómata que está esperando de
manera pasiva que los medios de comunicación le programen" (McCombs 2006:
186).
El criterio de
medición de la relevancia de un tema o argumento está basado "en el
presupuesto de que la influencia con la que un tema o un argumento aparece es
una indicación importante utilizada por los destinatarios para valorar su
relevancia" (McCombs 1981: 209-211). Desde un punto de vista metodológico,
¿es suficiente este criterio? Según Wolf, "conceptualizar únicamente la
variante de la frecuencia como índice de la percepción de relevancia de los
temas parece simplemente insuficiente. La idea de que una elevada frecuencia
define una fuerte relevancia va unida a un modelo comunicativo
hipersimplificado, presemiótico: el presupuesto de que la frecuencia de la
explicitación de un argumento en los media es la indicación utilizada por los
destinatarios para manifestar su significatividad, implica una idea de mensaje
en la que todos los elementos necesarios para su comprensión e interpretación
están contenidos explícitamente en él. Los estudios sobre los procesos de
comprensión y de puesta-en-discurso -en los ámbitos de la psicología
cognoscitiva y de la semiótica textual- proceden en una dirección distinta,
señalando que para la interpretación y la comprensión de un texto son
esenciales también elementos que no estén explícitamente mencionados. Para
poder tratar la información contenida en el texto, el destinatario debe
combinar la información de entrada con la almacenada en la memoria" (Wolf
2000: 188).
La hipótesis de
la agenda setting debe tomar, pues, en consideración la semiótica del texto y
su interpretación. Esto por un lado. Por otro, la hipótesis del paso de la
agenda mediática a la agenda pública no puede ignorar el problema de cómo se
lleva a cabo tal paso y qué procesos comunicativos, interpretativos,
comprensivos, de memorización y críticos actúan como base y garantía de la
verificación de dicho efecto. No perdamos de vista que la teoría de la agenda
setting no estudia propiamente los efectos de los medios a corto plazo, sino de
los efectos en tanto consecuencias a largo plazo. Dicho de otro modo, según la
teoría del establecimiento de la agenta los efectos no tienden directamente a
la determinación explicita e inmediata del comportamiento de la masa, sino más
bien a influenciar la forma con la que el público organiza su propia imagen del
mundo. Los efectos de la agenda setting son, por tanto efectos cognitivos,
puesto que influyen en los sistemas de conocimiento que la audiencia asume y
estructura establemente. Por esto no se trata ya de efectos puntuales, sino
acumulativos y sedimentados temporalmente. Esto explica, en parte, la
influencia actual de la sociología del conocimiento, cuyo interés está centrado
en la contribución del poder mediático a la construcción social de la realidad
a través de la opinión pública.
"La
sociología del conocimiento, al centrarse en la importancia y en el papel de
los procesos simbólicos y comunicativos como presupuestos de la sociabilidad,
va convirtiéndose progresivamente en una de las temáticas-guía en la fase
actual de los estudios: precisamente por eso, paralelamente, la temática de los
efectos se está identificando en la perspectiva de los procesos de construcción
de la realidad" (Wolf 2000: 113-120).
Cualquiera que
sea el mecanismo, secreto o manifiesto, de esta función, hay que reconocer que
uno de los resultados más espectaculares del efecto de la determinación de la
agenda es éste: los medios de comunicación de masas son unos poderosos instrumentos
en la configuración de mentalidad dominante en las sociedades contemporáneas.
Podemos decirlo de otra manera: los medios de comunicación de masas tienen un
papel preponderante en la manufactura o producción del consentimiento
colectivo. Podemos también dar un paso más y afirmar que los medios de
comunicación de masas - como consecuencia final de su papel en la configuración
de la mentalidad dominante y en la manufactura del consentimiento colectivo -
terminan por ser piezas claves al servicio de la aparición, desarrollo,
fijación y mantenimiento de ciertos peligrosos dogmatismos democráticos que de
vez en cuando afloran en las sociedades de inspiración liberal y pluralista, y
cuyo efecto es la "espiral del silencio" (Noelle-Neumann 2003).
Notas
1. Cfr. Wolf
2000. Wolf 2001. McQuail 2000: sexta parte, págs. 493-560. Rodrigo 1995. Roiz
2005.
2. Para una
visión de conjunto de los distintas perspectivas del estudio de la opinión
pública, cfr. Monzón 2006: págs. 23-28.
3. Sartori
aclara aún más; para que exista la "atmósfera de seguridad", "no
basta con que la libertad de expresión esté tutelada por el sistema jurídico;
también hace falta que no haya miedo. Allí donde existen intimidaciones, y
donde desviarse de la ortodoxia dominante nos pone en la picota - cuando no en
el destierro -, la libertad de expresión se ve anquilosada y, de rebote, la
misma libertad de pensamiento resulta deformada. A excepción de unos pocos
héroes solitarios, el que teme decir lo que piensa acaba por no pensar lo que
no puede decir" (Sartori 2007: pág. 82 s).
4. Cfr. Chomsky
1992. Chomsky 2002a: págs. 7-53. Chomsky 2002b. Chomsky y Herman 2005.
5. En la
doctrina de Lippmann podemos observar una concisión de la tesis heideggeriana
sobre la "época de la imagen del mundo". Según Heidegger, en la época
moderna el mundo pasa a ser imagen por la representación del sujeto. Esta
representación no es directa, dirá Lippmann, sino que está mediada por los
medios de información, puesto que son éstos los que determinan los mapas
cognitivos del mundo exterior. Al sujeto heideggeriano le falta la
"opinión pública", que responde, según Lippmann, no al entorno, sino
a un pseudo-entorno construido por los medios. Como iremos viendo a lo largo de
este trabajo, la agenda setting tiene mucho que ver con el problema
hermenéutico.
6. Aquí podemos
ver una versión mediática de la teoría kantiana de las formas de posibilidad de
la experiencia.
7. Cfr. McCombs
2004: 180, tabla 6.1.